domingo, 27 de enero de 2013

La Antártida hundida en el silencio

En la Antártida no hay silencio, es en medio del silencio que nace aquel lugar que se llama Antártida.
No es el silencio de la noche lo que se vive allí, o el silencio después de reír, como dice la letra de la canción. Es más una espera, una pausa que se abre. Una herida que raja la piel del sonido.
En la Antártida la idea del silencio es similar al momento en el que una pelota queda suspendida en el aire antes de volver a caer.
Cuando un corazón late hay un momento en el que morimos, entre sístole y diástole. Allí está la Antártida.
En la respiración hay un momento en el que nos quedamos sin aliento, justo cuando los pulmones se vacían. Allí también está la Antártida.
Las formas de los hielos desprendidos de los témpanos, no son reales, como uno puede entender algo real. Son dibujos hechos por algo inteligente que vive allí desde siempre. Los hielos están vivos en la Antártida, y son el único sonido del silencio que es ese lugar.
Las ballenas, los delfines, las focas, los lobos marinos y los pingüinos brotan solos, no nacen. Como las notas, de la nada salen esos seres, hermosos algunos y monstruosos otros.
Yo creo que el viento de todo el mundo nace en la Antártida, que es consecuencia cuántica de la presión que ejerce esa no realidad sobre la supuesta realidad, ese no lugar sobre el supuesto lugar. El viento es la onda expansiva de la angustia agónica que sucede en ese rincón del mundo, en donde todo está a punto de suceder,  pero no sucede. No hay nacimiento ni muerte allí.
La blancura enceguece, no se ve por tanta luz. Explotan luminosidad los glaciares que se devoran, a dentelladas, a un sol indefenso que apenas se oculta y da vueltas en círculo, como perdido en aquel paisaje imposible.
Es un laberinto insondable, un enigma de Dios, un desesperante infinito. Es un koan zen sin respuesta.
La Antártida tiene ese tipo de belleza que duele, que angustia. Uno lamenta ser humano y no ser, mas no sea, un instante de noche antártica, un segundo de cielo sobre el hielo, o un impulso de viento sobre el agua.
El silencio de la Antártida no es silencio, es el lugar de donde nacen todos los sonidos del mundo.



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